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martes, 18 de noviembre de 2014

Mi primera experiencia con el surf

No podía irme de Chile sin saber qué se siente al surfear las olas del Pacífico y sobrevivir para contarlo.


Por lo general suelo ser bastante torpe y todavía me sorprende que haya sobrevivido a mi primer contacto con el surf. Era algo que siempre quería hacer y por fin llegó el momento de atreverme, además no se me ocurre un lugar mejor que una playa del Pacífico.

Al ser de Galicia sé nadar perfectamente, es mi deporte favorito e incluso competía hace ya unos años, por lo que el mar no me da miedo ni nada parecido. Durante mis vacaciones de verano he hecho bodyboard en varias ocasiones, no era una experta ni mucho menos.

En el siguiente vídeo muestro qué es bodyboard (Lógicamente a mí no se me daba tan bien):



Recuerdo cuando en mi niñez/adolescencia veía la seríe Blue Water High que trataba de un grupo de jóvenes deportistas que entraban en una prestigiosa academia de surf australiana, mostraban los problemas de las personas de su edad, los líos amorosos... Lo típico que veía una chica de diez u once años. El caso es que parecía muy sencillo cuando lo veía desde el sofá de mi casa y babeaba por lo guapo que me parecía el actor que hacía de Edge (Khan Chittenden) en la primera temporada. 


Mi antiguo amor platónico

Así que el pasado fin de semana me decidí, tenía que aprender a surfear o al menos no terminar en el hospital con alguna fractura. Por suerte uno de mis amigos controlaba del tema, fue nuestro instructor durante unas horas y vio todo tipo de torpezas por nuestra parte. Madrugamos un domingo y nos dirigimos a La boca de Concón, una playa que está a media hora de Viña del Mar.

Una foto de internet de La Boca de Concón. A mí habrá que darme más tiempo para que logre hacer lo mismo.

Durante semanas hizo muy buen tiempo, parecía que ya estábamos en verano pero justo cuando se nos ocurrió ir a la playa se nubló e incluso hacía frío. Nos dio igual, teníamos muchas ganas de ir y confiábamos en que el neopreno fuese efectivo. 

Había muchos locales que alquilaban la tabla y el traje, había que negociar el precio para que nos saliese lo más económico posible. Por casualidad encontramos a una conocida y nos lo dejó por 7.000 pesos además sin límite de tiempo. Lógicamente aceptamos su oferta y procedimos a cambiarnos, empezaba lo bueno.

El primer reto fue ponerse el traje, estaba húmedo y era muy difícil entrar en él. Tras muchos saltos y peripecias varias lo logré. Al ser la primera vez que agarraba una tabla de surf me entregaron una grande y que resbalaba menos, pesaba un montón pero en teoría era estable.

¡¡Al agua patos!!

Para parecer profesionales hicimos unos ejercicios de calentamiento y echamos un par de carreras por la playa. Al meterme en el agua comprobé que pagar por el neopreno había sido buena idea ya que no se notaba el agua fría, aunque estoy acostumbrada porque en Galicia está helada. 

Momentos antes de meternos en el agua

Mi enorme y pesada tabla

Nociones básicas
La teoría es muy bonita, pero nada tiene que ver con la realidad. Me caí, tragué agua, choqué con algunas personas... A pesar de todo eso no me cabe la menor duda de que volveré para perfeccionar mi técnica, por lo cual serán muchas las veces que vuelva a pisar esa playa. El máximo progreso que logré ese día fue ponerme de rodillas y pillar unas cuantas olas, fue una sensación muy buena. A veces madrugar tiene cosas buenas.

He tachado otra de las cosas de mi lista: ''Cosas que hacer en Chile''. Ahora lo que me falta es encontrar un lugar donde pueda aprender a hacer kitesurf.

Kitesurf


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