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jueves, 24 de septiembre de 2015

Camino de Santiago desde Sarria (Lugo, Galicia)

Camino de Santiago


Ribadiso. A 2,4 km de Arzúa (A Coruña)


Cambiando un poco la dinámica del blog, hoy quiero mostrar una parte de mi querida y verde Galicia. Caracterizada por sus inmensos bosques, su lluvia y las mil y una maneras de llamarle,  el acento muy particular con un tono cantadito y desde luego un lugar en el que jamás podrás decir que has pasado hambre. Siempre hay alguna abuela gallega dispuesta a asar medio cerdo, freír un montón de kilos de patatas, darte ensalada cuyos productos son todos de su propia finca... y aún preguntar si quieres más porque estás famélico. Quien avisa no es traidor, si vienes aquí vas a engordar. Pues eso, que antes de irme a Londres quería enseñar parte de esta tierra que tanto amo.


Nuestra bandera

Provincias de Galicia

Mapa de España


Suele decirse que como la casa de uno no hay ninguna... me encanta viajar pero es cierto que vaya a donde vaya, siempre llevo un pedazo de esta tierra y mis raíces están aquí. Me crié en un pequeño pueblo de Pontevedra. Recuerdo que pasábamos un montón de horas en la calle jugando, corriendo, gritando, atrapado pequeños animales que escondíamos como si fuesen tesoros, haciendo alguna que otra travesura... Hasta teníamos un sistema de clases, construíamos cabañas y muy a mi pesar consolidamos una especie de monarquía autoritaria en la que los mayores gobernaban a los pequeños. Yo era un peón, pero pronto montamos nuestra pequeña revolución. Tengo muchos recuerdos buenos, compartiendo con personas que realmente hace años que no veo, pero que les guardo un gran cariño. Me gustó esa infancia disfrutando con mis vecinos o las compañeras del colegio, soy de la generación de los noventa y la Game Boy tardó en llegar. Era un lujo. Más bien me entretenía de la misma manera que Carlitos Alcántara, el de Cuéntame cómo pasó. 

La verdad es que me río al pensar en algunas cosas que hacíamos. Los niños de ahora ya no salen a la calle y buscan otras actividades, no es mejor o peor, es diferente. Y contando esto me siento como una abuelita, cuando comienzo ahora la veintena. Fue una buena etapa aquella, supongo que todos los gallegos tenemos morriña debe de ser algo ya genético. Después me fui a la ciudad, crecimos, cada uno siguió su vida... pero cuando veo ese descampado vienen a mi cabeza miles de tardes de verano, tirados en la hierba y comiendo bocadillos de Nocilla.


1998, tenía cuatro años

Antes de terminar hablando casi de los tiempos de la posguerra voy a centrarme. Como bien sabéis volví de Chile en julio, llegué exactamente el día treinta. Tenía tantas cosas que hacer, pasear de un lado para el otro visitando a todos, aprovechar la playa, comer todo lo que no había comido en un año... Mis amigos me recibieron en el terminal de autobuses, lo primero fue tomar una cerveza: Estrella Galicia. Pasé unas semanas con mi familia en la playa, siempre veraneamos en el norte de Galicia en la provincia de A Coruña en un lugar llamado Louro, al lado de Muros y cerca de Costa da Morte. También tengo mil recuerdos de mi niñez ese sitio. Aprovechando que estábamos todos reunidos, solo faltaba mi hermano que está en Reino Unido, llevé mate argentino que había traído. Fui divertido ver cómo mis abuelos, mis padres, mis primos o mis tíos desconocían totalmente el procedimiento a seguir.


Tomando mate con mi querido primo

Mis abuelos probando mate, pero mi abuela se decantó por el café


Después de pasar ese tiempo con la familia aproveché para hacer un pequeño viaje. No tenía dinero, estaba bajo mínimos después de pasar el año fuera. Al principio íbamos a ir varios de mis amigos, pero algunos trabajaban y otros son sencillamente vagos, entonces al final mi querida Belén y yo nos fuimos de peregrinas. Era el plan más barato, ninguna de las dos somos creyentes, pero queríamos vivir la experiencia del camino. ¿Qué es el Camino de Santiago? Pues son miles de rutas, por toda Europa, que por motivos religiosos pasan por ciertos lugares y se termina en Santiago de Compostela (La capital de Galicia). Se puede hacer en bicicleta, a caballo o a pie. Hay muchos albergues, algunos públicos y otros privados, pero baratos y se conoce a muchísimas personas. Me alegro de haber hecho esta pequeña aventura con mi antigua compañera de pupitre, ella fue la primera que me habló cuando me cambié de instituto y comenzamos Segundo de Bachillerato (17 años). Quiso llevarse conmigo porque llevaba mi camiseta de la suerte aquel primer día de clase, una de Guns and Roses. Es una gran amiga, mi confidente, tenemos una confianza extrema y siempre te dice lo que necesitas escuchar en el momento idóneo. Además de ser más buena que el pan. He tenido mucha suerte de encontrarme con ella y a pesar de los kilómetros, el tiempo que pase o que ya no tengamos un trato diario... pues todo sigue como siempre y sabe que haría cualquier cosa por ella. 


Año 2012. Un mes después de terminar bachillerato. Belén de blanco y yo de gris. 


Antes de nada haré un pequeño itinerario para dejar claro lo que llevábamos en la mochila, por supuesto ese viaje no se iba a hacer con una maleta de ruedas. Llevamos como campeonas nuestras mochilas durante 115 kilómetros caminando. Rápidamente a nuestras espaldas llevamos:

Equipaje:

- Unas mochilas de Quechua, made in Decathlon, la de Belén de 40L y la mía de 50L pero media vacía.

      - Cositas varias: Saco de dormir, cantimplora, una mochila más pequeña para cuando dejábamos la grande en el albergue, una toalla de secado fácil, una linterna, aparatos electrónicos varios, bolsas de congelados para aislar el olor horroroso de nuestra sudada ropa...

       - Look peregrinas: Solo hay que pasear cinco minutos por la zona viaja de Santiago para saber que lo de combinar la ropa está sobrevalorado. Llevamos: Camisetas zarrapastrosas (3), pantalones cortos tipo mallas (2), pantalón largo que lamenté llevar porque daba mucho calor, una sudadera que mi madre me compró en un mercado por un euro, unos chubasqueros de los chinos comprados en el último momento, calcetines (4), bragas (3) y después a lavar, sujetadores normales porque no me gustan los deportivos (3). Y punto, por cinco días estábamos más que servidas con todo eso.

      - Bolsillo de la mochila especial para luchar contra las ampollas: vendas, tiritas, agua oxigenada... te revientas los pies.

         - Documentación, poco dinero y la CREDENCIAL DE PEREGRINO, cuesta 1,5 euros y debes sellarla dos veces por etapa para poder utilizar los albergues y demostrar que haces honradamente el camino. Puedes conseguirla en Iglesias que estén en la ruta, albergues u oficinas de turismo. Nosotras las sacamos en la Oficina del Peregrino de Santiago, el sitio propio, donde trabaja una amiga nuestra.


Ejemplo de credencial


         - Y lo más importante: muy buen humor y mucha energía para llegar a Santiago en un abrir y cerrar de ojos.

Ruta. Etapas:

25 de agosto: Sarria a Portomarín (Lugo) 22 km

26 de agosto: Portomarín a Palas de Rei (Lugo) 24 km

27 de agosto: Palas de Rei (Lugo) a Arzúa (A Coruña) 27 km

28 de agosto: Arzúa a Pedrouzo (A Coruña) 21 km

29 de agosto: Pedrouzo a Santiago (A Coruña) 19 km

Si se suma se supone que son 115 km en total.




Etapas. Hoja de mi librera de viajes.



Cosas básicas sobre el Camino de Santiago:

- El camino está señalizado con unas características flechas de color amarillo.



- Hay rutas por toda Europa, llegando todos los caminos a Santiago de Compostela. También se puede seguir una última ruta, terminando en lo llamado ´´fin del mundo´´ Fisterra.

- Puede hacerse la ruta en bicicleta, andando o en caballo. No sirve en coche.

- La credencial debe ser sellada dos veces al día.

- Se puede hacer por motivos religiosos o deportivos. Al terminar el camino en la Oficina del Peregrino de Santiago pueden darte un diploma.

- Vas a tener ampollas en los pies.

¡Al ataque! No nos iban a intimidar las cuestas de Galicia, sus frondosos bosques o que no tengamos una condición física de atleta olímpico.

Día 1:
25 de agosto.


Sarria (Lugo)

Sarria, Lugo

Desperté a las 13:00, aprovechando que era verano. Además había estado hasta tarde organizando la mochila y hablando por Skype con mi hermano. Todo siempre a última hora. Apuré lo máximo que pude para no perder el autobús que salía a las 14:50. Eras chistosas mis pintas, mis vecinos deben de estar acostumbrados a verme con una mochila a la espalda y ropa de deporte. En la parada casualmente vi a un viejo amigo, uno de los niños que se llenaba de tierra conmigo en el descampado detrás de mi casa. Por supuesto esa etapa la hemos dejado atrás, ahora somos unos aburridos y hablamos civilizadamente las dos veces al año que nos vemos. 

Esperé por Belén en un banco de la estación de autobuses, mientras atacaba al primero de mis bocadillos de jamón. Su padre nos llevó a Sarria en coche, fueron casi dos horas y estábamos literalmente en la nada. Bajamos en la carretera principal, tampoco es que hubiese mucho más, y preguntamos en un albergue que pretendían cobrarnos diez euros. Sabíamos perfectamente que había opciones más baratos, los subvencionados por la Xunta (Gobierno autonómico). Salimos en busca del albergue municipal, una señora nos indicó donde estaba.

La zona vieja era simplemente una calle de piedra peatonal y un par de iglesias. Gracias al camino ese pueblo tenía vida y guardaba cierto encanto. En el albergue municipal solo quedaba una plaza, demasiado tarde (18:00), entonces decidimos quedar en otro cercano pagando ocho euros en vez de seis. Pero era mejor que la primera opción. La señora que lo regentaba nos contó que la Xunta había vendido los albergues a una empresa privada, hace años no cobraban nada y tú dabas un donativo si querías, después pasaron a costar tres euros, cinco y seis. Nos entregó mapas de Sarria y era una mujer muy agradable. Nada más dejar las mochilas fuimos a la Iglesia de Santa Mariña para poner una credencial y allí nos dieron un papel con todas las etapas. Había que concienciarse de que iba a ser duro. 




Cenamos en el albergue, compramos en Mercadona comida y yo llevaba bocadillos de casa. Compartimos mesa con una inglesa que estaba leyendo un libro y arrancaba todas las páginas para que no le pesase. Jamás podría hacer ese sacrilegio con algo tan querido y apreciado como es un libro para mí. Después aparecieron unos andaluces muy simpáticos que nos ofrecieron parte de su ensalada y embutidos. Me gustaba ese espíritu de compañerismo y compartir.

Ese día tratamos de descansar, sabíamos de sobra que iba a ser dura echarse a andar y con la mochila a cuestas. Pero era un pequeño reto que teníamos que superar.


Comiendo


Día 2:
26 de agosto


Sarria - Portomarín (Lugo) 22 km


Al despertarme (7:00) organicé mejor la mochila. El saco de dormir, uno que compró mi madre en una oferta de Alcampo cuando tenía mi edad, pasaron 25 años y sigue entero. Y las zapatillas pegadas a la parte de la espalda. Cuando terminamos de armar bien las mochilas, Belén y yo devoramos las últimas provisiones del Mercadona. Salimos a las 8:00, vimos el Monasterio de Magdalena y el mirador de Sarria y nos aventuramos en el monte, era nuestro primer día. 






Vimos la Iglesia de Barbadelo, donde conocimos a un madrileño y un sevillano en una mesa donde se ponía una credencial y a cambio se dejaba un donativo. Había otra mesa con fruta que también funcionaba con donativos. En Ferreiros saqué una de las fotos más curiosas de esos días, un selfie vacuno. Pasamos muchas aldeas, vimos muchos animales y casas de piedra de tiempos inmemorables. Cuando estábamos llegando a Portomarín tuvimos nuestro primer traspié, Belén se resbaló y cayó al suelo. Por suerte no se lastimó y solo nos echamos unas risas.





Mirador de Sarria

En la ruta


Nos pusimos a hablar con una familia madrileña, durante la ruta siempre encuentras a gente simpática y amable. Un señor nos indicó dónde estaba el albergue municipal que contaba con 85 plazas. Había cocina, lavadoras, duchas decentes pero sin puerta... Había gente de todos los tipos, jóvenes, mayores, creyentes que cantaban muy alto canciones cristianas, otras desvinculadas de todo eso como Belén y yo pero que disfrutábamos de la experiencia... Lo desagradable era entrar en la habitación y darte cuenta de la peste que echaban los zapatos de los demás y los tuyos propios.


Río Miño

Portomarín

Portomarín

Para cenar recurrimos otra vez a un supermercado, compré embutido e hice unos bocadillos. Estábamos en la plaza comiendo y nos pusimos a hablar con cinco patrones del pueblo, llevaban allí toda la vida.

Día 3
27 de agosto



Portomarín - Palas de Rei (Lugo) 24 km

Belén me despertó, el cansancio se iba notando. Salimos a las 7:30, organicé de nuevo la mochila y me cambié las zapatillas. Empezó a llover, lo normal en Galicia, y sacamos los ponchos de emergencia y socializamos por el camino con unos madrileños. Comencé a hablar con ellos porque debatían sobre comida mexicana, tengo bastante que aportar ya que en Chile viví con un mexicano que es como mi hermano.


A pesar de la lluvia continuamos con la ruta

Parecía un pollo...





Nos fijamos en que muchos pagaban para que una furgoneta les llevase la mochila hasta la otra etapa. me parecería lógico si son personas mayores, pero muchos hacían esa trampa. Nosotras no paramos e íbamos comiendo galletas por el camino. Ese día también conocimos a unos chicos vascos. Costaron los 24 kilómetros pero llegamos, llevando una gran alegría cuando vimos el albergue Palas de Rei. En la habitación solo había un italiano cuando llegamos nosotras, después vinieron unos alemanes y al final la sala estaba casi llena. Benditos tapones de los oídos porque siempre ronca.

Yo me puse sobre el saco de dormir y me quede dormida, ni me había duchado de la pereza que me daba y fui después de mi siesta. De nuevo la ducha no tenía puerta, pero en ese momento me daba exactamente igual además ninguna mujer tiene algo raro o que no haya visto en mí misma. Es absurdo tener vergüenza de algo tan natural. Dormimos rápido, al día siguiente nos tocaban 27 kilómetros.

Día 4:
28 de agosto

Palas de Rei - Arzúa. Llegada a la provincia de A Coruña. 27 km.

Ese día me costó más levantarme, la gente por la noche ronca mucho y algunos se despierta las cinco de la mañana... no hay necesidad de llegar a esos extremos. Nosotras partimos a las 8:00, Belén ya había desayunado y esperó por la dormilona (Una servidora). Me sentía muy cansada y con poca energía, comí fruta por el camino y un par de galletas. Según Google la etapa que nos esperaba hoy era la más larga que se hace en toda Galicia. Bueno, ánimo, sabíamos que podríamos con ello y nuestra llegada estaba programada para el domingo y cumpliríamos ese plazo.

En Palas de Rei pusimos otro sello, en una Iglesia, donde nos solicitaron un donativo. Yo no di nada porque no estoy de acuerdo con esa institución, pero es decisión de cada uno. El párrafo fue amable, nos indicó el camino a seguir y comentó que había poca gente ese día.

Ese día llevaba la misma ropa con la que había dormido, unos pantalones cortos de pijama y una camiseta básica negra. Daba exactamente igual las pintas que llevabas. Pasamos varias aldeas y el paisaje se repetía, mucho verde y edificaciones de piedra. Nos encontramos con los madrileños que habíamos conocido y con unos alemanes, en el camino siempre se entablan amistades. En esta ocasión saqué menos fotos, quería disfrutar del paisaje y ese espíritu viajero. Todos los que pasaban por nuestro lado decían: ´´Buen camino´´en diversos idiomas. 


Provincia de A Coruña




Leboreiro y Furelos habían quedado atrás y al llegar a Melide hicimos una pequeña parada, tomamos unos zumos y cambié mis zapatillas. Fue un alivio quitar la mochila un rato, mi espalda estaba toda sudada y tenía molestia en mis hombros. La organicé de nuevo y ya iba mucho mejor.







Tomamos unos zumos en un bar de gente de allí, no turistas. Había unos señores mayores echando la partida y una señora que regentaba el bar. Nos habló en castellano y yo le pedí las bebidas en gallego, dijo que pocas personas que hacían en camino eran de Galicia. Nos despedimos y volvimos de nuevo a la ruta pasada media hora, fue difícil retomarla. A pocos metros pusimos otro sello, donando esta vez dinero a una asociación de paralímpicos no a la Iglesia.

Decidimos quedar un albergue a 2,4 km de Arzúa, era municipal y precioso, un antiguo hospital de peregrinos restaurado. En el puente, pasaba un pequeño río, conocimos a un señor de EEUU muy simpático o majo como decimos en España. Nos habló del lugar, nos ayudó con las mochilas mientras tomaba una copa de vino e incluso curaba heridas de guerra como las dichosas ampollas. Por suerte a mí solo me salió una en un dedo, llevar calzado adecuado.


Nuestro albergue



Nos registramos y pagamos seis euros, seis euros por dormir en un edificio del siglo XVIII. Fuimos al comedor para recuperar fuerzas, una francesa nos prestó un cuchillo y le ofrecí un trozo de nuestra empanada de carne comprada en un Eroski. Lo más de ese gracioso fue conocer a unos japoneses, quienes nos regalaron un mapa de Japón con la ruta de peregrinación que hay. Me encantó hablar en inglés con personas tan ajenas a mi cultura como ellos. Simplemente encantadores. Pasamos toda la tarde con los pies metidos en el río, disfrutando de aquel lugar. Me llamó la atención que un italiano pintaba en un diario el puente de piedra, me gustaría tener esa facilidad para poder hacer arte como tiene mi madre. 

Día 5:
29 de agosto.

                     Ribadiso - Pedrouzo (A Coruña). 23 km.


Ese día me costó despertarse, odio madrugar. La noche anterior unos chicos animaban la cena, estaban tomando una botella de licor café, bailando y hablando con todos. Pues allí estaban, como una rosa y preparados para seguir, increíble. A las 8:10 salimos nosotras, compramos agua en un bar y quedé fuera con la mochila de Belén y acompañada por un perro al que le di parte de mi desayuno. Era más educado que otros muchos humanos.

Mi amigo


Los primeros kilómetros estuvieron marcados por la niebla, muy característica de Galicia y la verdad que echaba de menos esas mañanas. Llegamos a Arzúa, famosa por su queso, pero no paramos. Nos metimos en el monte y hubo un momento en el que perdí a Belén, yo caminaba más rápido. Esperé por ella un par de kilómetros adelante. 





La gente que iba en bicicleta no siempre amable, pocas avisaban de su paso o lo hacían cuando casi te habían dado con una rueda. Además deben decir si van por la izquierda o la derecha, no tengo ojos en mi espalda ni soy adivina. Resulta bastante peligroso y pocos piden disculpas. Sin embargo una nos vio tocándonos una pierna mientras caminábamos y nos preguntó si necesitábamos ayuda, esa es la actitud para hacer el camino no ser un cretino. 

Paramos un rato en una fuente, fue maravilloso quitar la mochila cinco minutos, pero debíamos seguir hasta Pedrouzo sin caer en la tentación de entrar en el albergue que estaba a 50 metros de ahí. Cuando llegamos no lo podíamos creer, solo faltaba un día para terminar este pequeño viaje. El albergue de Pedrouzo era el peor, no había agua caliente y estaba sucio, pero debido al cansancio nos daba exactamente igual. Debo admitir que fue graciosa la escena de una gallega y una risa, hablando inglés las dos, mientras decíamos groserías porque el agua de la ducha estaba fría y buscábamos valor para ponernos debajo.

En ese albergue había mucha gente, se notaba que era municipal y solo faltaban 20 km para llegar a Santiago. Ayudamos a un inglés que necesitaba un traductor, quería saber si había taquillas con llave y charlamos un rato con él. Otra cosa llamativa que me pasó es que vi a un tipo colgando la ropa, llevaba puesta una camiseta reivindicativa a favor del pueblo Mapuche. Tenía que ser chileno, entonces le hablé y me dijo que era de Temuco pero vivía en Alemania desde hacía diez años. Me gustó poder decir que había pasado un gran año en su país de origen, además de gustarme su polera como dicen ellos.

Mis pies solo sufrirían otro día más.

Día 6 y último:
30 de agosto

Pedrouzo - Santiago de Compostela (A Coruña) 19 km


Estábamos a las puertas de Santiago, solo nos separaban 19 míseros kilómetros. Belén me despertó, yo estaba en durmiendo como una piedra y pensaba que sólo había dormido un par de horas. De pronto vimos la hora el el móvil y soltamos una sonada carcajada, eran las cinco de la mañana y la gente empezaba a levantarse. Ni de broma íbamos a salir a esa hora, dormimos hasta las 8:30 y salimos a las nueve cuando todos se habían ido. No teníamos prisa por llegar, estudiamos allí en el instituto así que conocemos perfectamente la ciudad.

Desayunamos por primera vez en una cafetería, necesitábamos un café bien caliente y no le hicimos ascos a la bollería y sus mil calorías. Volvimos a pasar algunas aldeas, pusimos más sellos y conocimos a unos argentinos de Buenos Aires, caminamos por tramos de monte y algunos edificios que anunciaban nuestra cercanía a Santiago como la Televisión de Galicia. Descansamos unos minutos y miramos a través del GPS del móvil cuántos kilómetros faltaban exactamente.


últimos ocho kilómetros


Cuando vi San Lázaro a lo lejos (La entrada a Santiago) le hice una apuesta a Belén, le dije que bajaría corriendo y eso hice. Casi muero pero tenía que ganar la apuesta. Me senté en la entrada de una casa y esperé por Belén, mientras me eché talco en los pies y puse mis chanclas. Ella hizo lo mismo y fue un gran places librarse de las zapatillas.






Por fin llegamos a la catedral, siguiendo las flechas y sin atajos que conocíamos. Fuimos honradas. Pensábamos que necesitábamos entrar en la catedral y poner el sello final, dimos una vuelta entera para encontrar la puerta de acceso no la de salida. Teníamos que pagar tres euros porque no se podía entrar con las mochilas, esa norma es actual porque toda la vida se pudo. Llamé a mis padres, que habían ido a buscarnos en coche, y aguantaron de nuestras mochilas. Resulta que para nada, porque preguntamos y se iba directamente a la oficina del peregrino. No nos interesaba el apóstol, con todo el respeto del mundo, así que salimos rápidamente. 







Nos atendió una amiga nuestra en la Oficina del Peregrino, después de una gran cola y nos dieron unos diplomas conforme habíamos hecho el camino. Antes tuve que escribir mis datos y concreté que lo había hecho por motivos deportivos y no religiosos, entonces me dieron un diploma diferente escrito en latín que no tengo ni idea de qué pone.

Así terminamos nuestro pequeño viaje, una aventura que llevé a cabo con una gran amiga a la que le tengo mucho aprecio. 115 km que acabaron sin lesiones y nada que lamentar, solo muchas anécdotas y haber conocido a personas de otros países tan lejanos como Japón. Hace años (Tenía 19 recién cumplidos) hice un trozo del Camino de Santiago, la ruta del norte que comienza en Irún (País Vasco), con el que era mi novio de entonces. Me encantó conocer esa parte de España que desconocía. Pronto me atreveré con otra ruta.

Espero que os haya gustado esta parte de mi querida tierra, tal y como diría mi apreciado Lorca: ´´Verde que te quiero quiero verde´´. Continuaré escribiendo y mostrando lugares de Galicia, nos vemos pronto.

1 comentario:

  1. Celebra la vida, gracias por compartir tu aventura, saludos.

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