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miércoles, 16 de septiembre de 2015

#Día 48: Salar de Uyuni (Bolivia)



He regresado hoy de mi viaje por Marruecos, ha sido simplemente impresionante y un contraste cultural. Pero en esta ocasión continuaré contando mi viaje por Latinoamérica, después de 48 días había llegado a Uyuni donde se encuentra el salar más grande del planeta. Recuerdo que llegué cansada a Uyuni, había salido desde Potosí que por cierto me cobraron un pequeño impuesto por utilizar el terminal de autobuses. No sabía que era necesario pagar por utilizar una dársena.

Volví a poner la mochila en mi espalda, debía buscar un lugar económico para dormir y contratar un tour para mañana. Es imposible visitar el salar, los lagos y el parque nacional por tu cuenta, no hay autobuses o algo similar. Debes elegir una agencia y ellos te llevarán en un 4x4. Había varios tipos de promociones: Un día, dos y tres. Elegí la última opción: Alojamiento por dos noches, comida, transporte, entrada al parque natural... por 60 euros. Pero debe tenerse cuidado, en Bolivia todo se negocia y según cómo hables o tu nacionalidad dirán un precio. Aquí todo se puede conversar, renegociar y regatear. De hecho en mi grupo, cuatro chilenos (Tres chicas y un chico) y otra española, cada uno pagó una cosa diferente.

La señora de la agencia me indicó un hostal cercano en donde podía dormir, me acompañó a un cajero automático y por la mañana comenzaría mi tour. No me gustó demasiado el hostal porque exigían que las duchas no fuesen más de cinco minutos, cronometraban el tiempo y si te pasabas salía agua fría. Me pareció el colmo además de que el personal de recepción eran un poco antipáticos. El caso es que estaba contenta porque al día siguiente empezaría mi ruta por Uyuni y ya tenía provisiones para sobrevivir.

Mi grupo lo componían una pareja de chilenos, ella estudió fonoaudiología y él sociología como yo, dos chicas de Santiago de Chile y una española de Asturias que encontró trabajo en Bolivia. Desde el principio tomamos mucha confianza y nos lo pasamos muy bien. Además teníamos bastantes cosas en común y no parábamos de hablar.

Paul era nuestro gruía. Nos costó aprendernos su nombre, creíamos que se llamaba Paulo o Pablo. Hasta el segundo día no nos lo aclaró, el pobre era tan bueno que no nos corregía. Al principio no hablaba mucho, después se reía con nosotros y disfrutábamos todos del viaje. Comenzamos el recorrido por el Cementerio de Trenes.

Cementerio de trenes

Cementerio de trenes

Marta (Asturiana), Nela y Lorena de Chile.

Marta, Lorena, Nela y yo

Después fuimos al salar, el ansiado lugar que llevaba meses esperando pisar. Era enorme, totalmente diferente a lo que he visto anteriormente y las buenas críticas eran justas. Con todos vosotros, el Salar de Uyuni:

Una de mis mejores fotos en Latinoamérica





Óscar, Karol, Marta, Lorena, Nela y yo

Disfrutando del Salar de Uyuni

Salar de Uyuni

Después de ver el Salar comimos allí mismo en un local habilitado, por donde pasa el Dakar. Estábamos muy cansados y con hambre, notábamos algunos signos del mal de altura. Paul nos sirvió la comida: Arroz, plátanos, carne y ensalada. Por cierto, usar crema solar... a mí se me quemó la cara.

Las fieras preparadas para continuar la ruta

Paul (El chófer) aguantándonos

Ese día dormimos en un hostal básico del todo, sin internet y con el agua caliente a parte del precio base. Marta y yo hicimos la ´´españolada´´, pasamos rápido a la ducha y aprovechamos que nadie vigilaba para ducharnos sin pagar. Una señora muy desagradaba después vino a nuestra habitación, nos había visto con el pelo mojado. No era mucho, un euro, pero me fastidiaba pagarlo la verdad y Paul le explicó la situación y nos dejó en paz. Era un amor nuestro guía, además ahora ya era mucho más sociable. En el comedor, mientras cenábamos fideos, vi a Macarena y Fernanda (Las chilenas que conocí en Potosí). Había muchos grupos de turistas y a todos nos llevaban por los mismos lugares. Aunque Paul nos dejaba elegir, hacía lo que le pedíamos y era adorable.

Al día siguiente madrugamos. Continuamos las bromas, pasábamos por carreteras pequeñas y sin asfaltar, Paul paraba cada cinco minutos cuando le pedíamos ´´usar el baño´´ y decíamos que era culpa del ´´mal de altura´´ y nos negábamos a pagar por usar un baño convencional. Paul nos decía de broma que iba a sacar una selfie. De pronto pasamos por delante de un montón de llamas, soltamos un grito y frenó en seco. Nos pusimos a sacar fotos como si fuésemos asiáticos.

Con mis amigas las llamas

Fueron varias horas en el coche para llegar a las lagunas, pero formábamos un buen equipo. Hablábamos de todo: Marta estudió INEF en León, hizo un Máster en Granada y probó suerte en Bolivia hacía ya dos años donde trabajaba como profesora. Ella formaba parte de esa gran lista de exiliados económicos españoles. Era muy graciosa y nos animaba a todos. La pareja de chilenos eran adorables y las dos amigas de Santiago lo mismo. Me costó despedirme de ellos después de esos tres días juntos, llenos de risas.

Aprovechándonos del bueno de Paul

Luciendo mi The North Face comprada por 3 euros




Laguna Colorada. Teníamos complejo de flamencos

Laguna Colorada


Con Karol


Geiseres

Laguna Verde

Dormimos en otro lugar parecido pero en esta ocasión la cena fue mejor porque Paul nos dio un vino boliviano y cenó con nosotros. Nos reímos mucho y estaba claro que iba a echar de menos esos momentos. Y así llegó la última jornada, veríamos el Volcán Licancabur y Desierto de Siloli -Árbol de Piedra-

Árbol de Piedra

Con Lorena

Nela, Lorena, Karol y Óscar 

" No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas

imponer a la libertad de mi mente."  Viginia Woolf



Cuando volvimos a Uyuni cenamos. Entramos en un local y nos dijeron que nos servirían la comida en media hora. Marta dijo que cuando dicen eso no le pagásemos, debíamos esperar y que ella en dos años en Bolivia había muchas veces en las que cobran pero no trabajan. Efectivamente no nos sirvieron la comida y no iba la Wifi, nos cambiamos de local. Tomamos pollo, arroz y patatas por tres euros más o menos. Nela y Lorena iban a ir en tren a Oruro pero al final sus amigos se fueron directamente a La Paz. Trataron de vender a los pasajes, cuando iban a tirar la toalla aparecieron unos argentinos y le dieron el dinero de los billetes. Perfecto, íbamos a irnos todos a La Paz. Marta, Karol y Óscar se iban a Perú y Nela, Lorena y yo a Copacabana. Pasados unos días pisaría suelo peruano y ellas volvían a Chile. Negociamos el precio de los billetes, eran 12 horas o algo así de autobús y pagamos seis euros aproximadamente. Estábamos tan agotados que dormimos casi todo el trayecto. En la siguiente entrada hablaré de mi experiencia en La Paz y Copacabana.


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