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martes, 19 de mayo de 2015

#Día 20: Mi llegada a Brasil.

Día 20: Pelotas, Porto Alegre, Florianópolis, São Paulo, Río de Janeiro y Foz do Iguaçu. (Brasil)




Llevaba 20 días alejada de Viña del Mar (Chile) -Nos separaban 2.330 Kilómetros-, más de dos semanas cargando con mi mochila y contaba con toda la energía del mundo para proseguir con mi viaje. El nueve de enero tomé en Chuy (Uruguay) el autobús que me llevaría a la ciudad de Pelotas. A los quince minutos de subir ya estábamos en la aduana, casi pisando suelo brasileño. Llovía mucho, así que el conductor nos pidió la documentación y sólo bajó él, se mojó durante 20 minutos hasta que le hicieron caso. A ver quién hace eso; en España seguro que esperarías el doble de tiempo y un burócrata se reiría de ti. Pues así de fácil ya tenía otro sello en el pasaporte. Estaba en el país de la samba. 



No pude evitar hacer el chiste fácil

Mis planes eran llegar a Brasil el diez de enero y no el nueve, así que ese día dormí en un hostel que busqué al llegar a la terminal de Pelotas. Fue caro, 15 euros, pero era nuevo, la atención fue excelente, podíamos tomar toda la comida que quisiésemos y no había casi nadie hospedado. En esa ocasión compartí habitación con dos chicas de Letonia; sí, estaba a tropecientos kilómetros de Europa y fue a encontrarme con dos de un país que nosotros ignoramos completamente. No sé qué rayos hay en esas tierras.


Al día siguiente, la Couchsurfing brasileña me fue a buscar. Era una joven enfermera, simpática, con una sonrisa permanente en la cara y agradecí que me educasen en dos idiomas porque comprendía perfectamente el portugués. Para quien no lo sepa, Galicia y Portugal estuvieron unidos hasta 1128, conformaban un Reino que abarcaba desde el actual territorio gallego hasta O Porto y se hablaba Galego-portugués (Más información). Por ello ambos idiomas son muy parecidos, nacieron del latín y desmiente todas las tonterías que dicen algunos españoles al tachar nuestra lengua de dialecto del castellano. Sugiero que agarren un libro de historia y  se den cuenta de la barbaridad que están diciendo. Nuestro pueblo por lo tanto siempre ha estado más vinculado a Portugal que a Castilla, todavía a día de hoy está todo mezclado, y tan mezclado... mi primer apellido es portugués y obviamente mitad de mi familia proviene de ahí.

Me llevó a comer a un restaurante cerca a su casa, comí arroz con frango (Pollo) y sabía a gloria ya que estaba muerta de hambre. No me dejó pagar, hablamos mucho como si nos conociésemos desde siempre y pude recordar mis conocimientos de portugués. Después me mostró la ciudad, me invitó a unos trozos deliciosos de tarta, tomamos muchas fotografías y me contaba detalles de todos los lugares que visitábamos. Ella había nacido en la frontera con Uruguay pero se mudó cuando empezó la Universidad que por cierto estudiaba y trabajaba al mismo tiempo para poder costeárselo.
















Me presentó a su encantadora familia, cocinaron comidas típicas de la zona y yo les improvisé una tortilla española; me lo pasé genial con ellos. Eran de esa clase de personas que te inspiran confianza a los cinco minutos de haberlos conocido. Me llevaron hasta la playa, a diferencia que en Galicia el agua aquí estaba caliente y no había excusas para no bañarse. Y para no variar, tomar un mate era obligatorio.


Intentando no quemar cocinas ajenas...


¡Qué aproveche!


Playa Laranjal


La vida del estudiante es muy dura...


Me dio pena despedirme después de haber pasado cuatro días con ella, pero mi aventura continuaba. De la noche a la mañana era otro miembro más de su familia, sentí su cariño y de verdad que me parecieron unas hermosas personas. Incluso me emocionó la referencia que me dejó en mi perfil de Couchsurfing.


Selfie sin toro (Una larga historia). ¡Gracias por todo familia!


¡Muchas gracias por todo Cibele!


Mi siguiente destino era Porto Alegre después de seis horas sentada en un autobús. Llegué por la noche así que tomé un taxi porque no tenía ni idea de dónde estaba el hostel, no había internet e información turística había cerrado ya. En recepción me atendieron de forma muy amable, el chico hablaba español y portugués. Me pasó algo gracioso con él y el taxista, no tenía cambio para pagarle a este último así que entró conmigo por lo que el recepcionista no sabía en que idioma hablar. El precio estaba bien y las habitaciones eran para cinco personas, en la mía solo tres: una madre, su hija adolescente y yo. Dato importante: Había aire acondicionado.

Me quedé tres noches allí, visité toda la ciudad y puede ver una parte de Brasil que no me gustaba: La gran desigualdad social. Pasada cierta hora en las calles se exhiben como pedazos de carne muchas mujeres que no tienen más remedio que prostituirse para ganar dinero, hay muchas personas que mendigan, otros que viven en la calle y algunos que claramente tienen un problema con la droga. El gobierno los vuelve invisibles y parece que están más ocupados en Copas Mundiales de fútbol que en el bienestar de sus ciudadanos, espero que pronto se apliquen verdaderas políticas de igualdad y que se erradique la pobreza.




El Principito en portugués










El día 15 de enero me fui para Florianópolis. Al salir del hostel me encontré con unos chicos uruguayos que también se habían alojado ahí, ellos viajaban en coche y me acercaron hasta la terminal. En ese trayecto hablamos de política, sobre Mujica, el auge de Podemos en España, las dictaduras que desgraciadamente sufrieron nuestros países… Me encantó poder charlar sobre todo eso, se nota que soy socióloga.

Después de once horas de viaje llegué a Florianópolis, hice un nuevo amigo argentino (Le hablé porque estaba leyendo Mi padre de Pablo Escobar) y los dos nos mosqueamos cuando el autobús se retrasó una hora y media por culpa de un puente en construcción. Puede contactar con el Couchsurfing que me iba a hospedar dos días y me fue a buscar a la terminal a las doce de la noche sin ningún tipo de problema. Fue con unos amigos y me llevaron en coche hasta su casa, habitada por jóvenes estudiantes. Me recibieron con churrasco y conocí a muchas personas interesantes, por ejemplo mi anfitrión y uno de sus amigos se habían ido de intercambio un año a Australia. Estuvimos de juega hasta las tantas, había dormido en el autobús y me gustaba estar rodeada de gente de mi quinta que contaba historias interesantes.


Dos tipos agonizando en un autobús...





El 16 de enero visité Florianópolis siguiendo las indicaciones de mi Couchsurfing, las imágenes hablan por sí solas. Es precioso y comprendo que sea tan turístico.








Y mi último día en su casa, el 17 de enero, me llevó a la playa junto un amigo suyo con la intención de enseñarme a hacer surf. Todo quedó en buenas intenciones porque continúo siendo bastante torpe. Me cayó muy bien mi anfitrión, él mejoró su español y yo recordé mis conocimientos de portugués, hasta terminamos haciendo un trato. Para costearse sus estudios está vendiendo camisetas diseñadas para jóvenes viajeros, me encanta la que le compré.






Os dejo el enlace de su página de Facebook a modo de publicidad: NUC Clothing

De Florianópolis a Sao Paulo fueron doce horas, viajé por la noche y dormí perfectamente debido al cansancio que tenía. Llegué por la mañana y tomé el metro para llegar al hostel donde había reservado una cama. Una mujer joven me dejó su asiento para que dejase en el suelo mi mochila, se lo agradecí. Frente a mí había un gran cartel anunciando que pasadas las doce de la noche los vagones se dividen por sexos: Unos para hombres y otros para mujeres. El objetivo era intentar reducir el número de violaciones que se producían en esa gran ciudad y que ante esta situación se denuncie a las autoridades. Es chistoso la forma de tratar estos temas, se enseña a las mujeres cómo protegerse y que no sean víctimas en lugar de que los hombres aprendan a comportarse como tal y no sean animales. Es un enfoque que me parece digno de ser analizado, por supuesto me sale la vena sociológica. 

Fueron muy amables conmigo en el hostel, situado en un barrio obrero de los muchos que componen esta ciudad del ladrillo. Me atendió una mujer uruguaya con mucho mundo, había vivido en un montón de países entre ellos España debido a la dictadura que sufrió su patria. La habitación en la que me quedé parecía un barracón de la Segunda Guerra Mundial, las camas tenían tres pisos, pero era barato. 





Sinceramente Sao Paulo es un lugar prescindible, una ciudad con muchísima gente, grandes edificios, agobio por todas las calles, numerosas personas sin hogar... Me ocurrió uno de los peores sucesos de mi viaje; en un momento dado me perdí en medio de sus callejones laberínticos.  No sabía donde estaba, caminaba por una acera repleta de vagabundos y personas que evité mirar, mi intención era salir de ahí lo más rápido posible. La suciedad aumentaba, el ruido, las fachadas destrozadas y la ausencia de autobuses o taxis me pusieron nerviosa. Llegué a una gasolinera, le pregunté al empleado cómo regresar al centro. Me miró preocupado, dijo que por ahí no había servicio de transportes y que los taxis no se atreven a pasar. La única opción que tenía era caminar por el borde de una autovía. De repente un hombre me agarró un brazo, insistía en que me fuese con él en su coche y me dejaría donde quisiese. Manteniendo la calma y con una sonrisa le dije en portugués que era muy amable pero que no, buscaría otra solución. No me soltó, el de la gasolinera me defendía pero tampoco se quería entrometer en este asunto. Si le hablaba mal no sé qué me haría, no ganaba nada diciéndole a aquel cretino lo que pensaba y que ni loca me subiría en su coche. Pronto llegó mi salvador, otro hombre de unos cuarenta años le quitó la mano de mi brazo y dijo que me dejase en paz. Contó que estaba echando gasolina con su familia y que pasarían por el centro para dejarme, ya que aquel barrio era peligroso. No tenía más opción y viajaba con su mujer y tres niños de menos de diez años. Las probabilidades de que fuese un psicópata eran menores. Fueron encantadores. 











Estuve unos tres días en la ciudad, como ya he dicho fue una parada técnica. Compré mi billete para Río de Janeiro, a donde llegué a las nueve de la noche. Tomé un taxi y me quedé en el hostel más barato, un auténtico asco, el peor sitio en el que he dormido. La cocina producía ganas de vomitar, había bichos y olía mal. Dormí con una ´´loca´´americana cuya risa me inquietaba, un australiano quemado por el sol y que estuvo en un montón de países, unas argentinas jóvenes que estudiaban Medicina en Buenos Aires... en total ocho personas durmiendo en dos metros cuadrados. Sí, las camas tenían cuatro pisos y no había aire acondicionado. Por las noche no podía dormir, era como si estuviese en la ducha, jamás había sudado tanto. 


Creo recordar que en total estuve tres días en Río de Janeiro, de los cuales uno llovió y los otros dos había niebla. No fue la mejor época del año para ir. De todas formas me gustó mucho y haber evitado los sitios más turísticos. Por ejemplo, en Copacabana comí en un pequeño bar que estaba lleno de gente local, no turistas con las visas preparadas, charlé con un brasileño de unos 60 años que me contó cosas de su juventud. Terminó pagándome el menú, que incluía arroz y fango, no aceptó mi dinero. 




















Mi último destino de Brasil era Foz do Iguaçu, compré mi boleto de autobús y me hice a la idea de que serían 23 horas en la carretera. Sobreviví, pero fue duro soportar el aire acondicionado al máximo y no tener nada para taparme. Por suerte mi compañera de asiento compartió un fular que tenía, adoro la gente de este país. 


Me fue a buscar a la terminal un hombre de unos 35 años con el que había contactado por Couchsurfing y me alojó dos días en su casa. Siempre tenía en su casa a gente de otros países, le gustaba mucho conversar y compartir con los demás. Su familia tenía un restaurante y me invitó a comer allí. Me dio todas las indicaciones necesarias para llegar hasta las cataratas y la reserva de aves, también cómo podía pasar al lado argentino pero no tenía tanto dinero para pagar las dos entradas. Me dejó las llaves de su casa, él fue a trabajar y yo visité uno de los lugares con los que siempre había soñado.














Después fui a la Reserva de Aves, justo al lado. Mientras hacía la cola para pagar mi entrada escuché a unos españoles y comencé a hablar con ellos. Era una madre, su hijo y la novia alemana de éste. Los chicos estaban recién licenciados, él era ingeniero civil y ella bióloga y ambos estaban trabajando en Sao Paulo. Era la primera vez que veía a su madre en un año, cuando hizo las maletas y dejó Madrid en busca del futuro que su país le negaba. Pero no cruzó el Atlántico solo, la chica alemana había estudiado el último año (Erasmus) de Biología en la Universidad Autónoma de Madrid por lo que se conocieron y decidieron venir a trabajar a Brasil. Es la historia de otros muchos jóvenes, que salieron de mi país con un billete de ida pero no de vuelta, como también ocurrirá conmigo el año que viene cuando me licencie. 






Al día siguiente fui hasta el marco de las tres fronteras, me confundí de autobús pero el conductor se desvió y me dejó en la parada que correspondía para que pudiese tomar el correcto. Esperé casi una hora al sol y aguantando las miradas de muchos, me arrepentí de llevar vestido. Cuando me senté en el autobús fui conversando con una mujer de Río de Janeiro que estaba allí de viaje, fue muy amable y además simpática. 




¡¡ESTOY EN TRES SITIOS A LA VEZ!!.
A mi derecha: Argentina, a mi izquierda: Paraguay y yo en el lado brasileño

Después fui a Itaipubinacional, la mayor hidroeléctrica del mundo.









Fui a cenar con mi couchsurfing y un amigo suyo, de nuevo no me dejó pagar la cena. Hablamos de muchas cosas y le agradecí todo lo que había hecho por mí. Era una persona muy interesante, incluso estuvo viviendo en Japón una temporada. Al terminar me dejaron en la terminal de autobuses, mi próximo destino era Asunción (8 horas de viaje más o menos). No tenía claro qué había en Paraguay y mi tiempo era limitado, por lo que fui directamente a la capital. El autobús era muy cómodo y esta vez había mantas. Pronto pasamos la aduana, el sello es rojo a diferencia de los otros países. Me volví a sentar, me tapé con la manta y tardé dos minutos en quedarme completamente dormida. Desperté en Asunción mientras el conductor me balanceaba y se reía porque era incapaz de que reaccionase. 


Espero que muy pronto pueda escribir el siguiente capítulo de mi aventura de Latinoamérica. Y adelanto que Paraguay, pese a mis ideas preconcebidas, me sorprendió gratamente y fue una experiencia divertida.

domingo, 3 de mayo de 2015

Día 13: Llegada a Uruguay

URUGUAY: Montevideo, Ciudad de la Costa, Atlántida, Cabo Polonio y Punta del Diablo






Queridos lectores; no he muerto. He pasado meses sin escribir en mi blog, he cambiado de ordenador, he terminado mi viaje por Latinoamérica, he vuelto a Viña del Mar, he tenido que estudiar para este nuevo semestre... Pero suelen decir que nunca es tarde, por lo que reanudaré la narración de mis aventuras por este continente desconocido para mí.

Queridos lectores; non morrín. Pasei meses sen escribir no blog, cambiei de ordenador, rematei a miña viaxe por Latinoamérica, volví a Viña del Mar, comecei a estudar para este novo semestre... Pero din por ahí que nunca é tarde, polo que volverei a narrar as niñas aventuras por este continente descoñecido para min.


Pasé el fin de año en Buenos Aires, con un viejo amigo gallego que estudió conmigo en Madrid y unos argentinos conocidos suyos. El dos de enero compré mi boleto para el ferry que me llevaría al otro lado del Mar de la Plata: Colonia en Uruguay y de ahí iría a la capital. Demoró dos horas en vez de una porque el barco estaba estropeado, a diferencia de España aquí sí que pusieron reclamaciones y la gente estaba indignada.


Pasei o fin de ano en Bos Aires, cun vello amigo gallego que estudou conmigo en Madrid e uns arxentinos coñecidos seus. O dous de xaneiro comprei o meu boleto do barco que me levaría ata o outro lado do Mar da Prata: Colonia en Uruguai e de alí iría á capital. Tardamos dúas horas en lugar dunha pois o barco estaba estragado, a diferencia de España aquí si que puxeron reclamación e a gente estaba indignada.

No tuve tiempo de ver Colonia, una lástima según lo que leí en internet pero tenía el tiempo justo. Tardé otras dos horas en llegar a Montevideo en autobús, en esos días los periódicos publicaron (Noticia) que Mujica había recogido a un viajero en la carretera. Lástima no haber hecho dedo y que me parase el expresidente junto a su compañera que también es senadora.

Non tiven tempo de ver Colonia, magoa pois según a información que aparece en internet é un lugar fermoso pero non tiña tempo. Tarde dúas horas en chegar a Montevideo en autobús, xusto neses días os xornais publicaron (Noticia) que Mujica recollera a un viaxeiro que facía dedo na autoestrada. Sería unha gran casualidade que me recolleran o expresidente e a súa compañeira. 

Eran ya las nueve de la noche y busqué un lugar donde dormir. Recurrí al típico McDonald´s para tener wifi. Mi elección fue pésima, una pensión cerca de la Plaza de la Independencia, donde no iba internet, me atendieron de forma antipática, el desayuno no estaba incluido, sólo podíamos usar un baño y todo era muy viejo. Gracias al cansancio me dormí en la cama en menos de cinco minutos y al día siguiente me alojé en otro lugar.

Eran as nove da noite e busquei un lugar onde durmir. Fun ao típico McDonald´s para ter wifi. A miña eleción foi pésima, unha pensión preto da Praza da Independencia, onde non había internet, foron antipáticos, o almorzo non estaba incluido, só había un baño e era todo vello. Grazas ao cansanzo durmín en menos de cinco minutos e ao día seguite fun a outro lugar.

































Abandoné la mañana siguiente esa cochambrosa habitación en la que me había quedado, repito, ni siquiera iba internet. Me alojé en un hostel cerca de la playa, la atención fue más o menos, era caro y los cuartos eran para nueve personas. Fue lo más barato que encontré, el país que es conocido por el fútbol y expresidente Mujica, pero los precios triplican a los de España. Una barra de pan vale un euro y medio. No tengo ni idea de cómo llega la gente a final de mes.

Abandonei pola mañá esa noxenta habitación na que quedara, repito, non había nin internet. Mudeime a un hostel preto da praia, a atención foi aceptable, era caro a os cuartos eran para note persoas. Foi o más barato que encontrei, o país é coñecido polo fútbol e o expresidente Mujica, pero os prezos triplican os de España. Unha barra de pan custa un euro e medio. Non teño ni idea de como chegan a final de mes a gente de alí.

Viajar en esa época del año no había sido acertado. Todos estaban de vacaciones y las calles se encontraban desiertas y los locales cerrados. Paseé por la ciudad, en poco tiempo vi todo lo relevante y los sitios eran fáciles de localizar. Además siempre hay la opción de preguntar ante la duda, la gente aquí es amable y no le importa dar indicaciones.

Viaxar nesa época do ano non foi acertado. Todos estaban de vacacións e as rúas atopábanse desertas e os locais pechados. Camiñei por toda a cidade, pronto vin todo o máis importante e os lugares eran fáciles de localizar. E ante a dúbida, pregúntase, a xente de aquí é amable e non le importa dar indicacións.





El cinco de enero me fueron a recoger una familia con la que hablé por Couchsurfing y me alojarían un día. Vivían en Ciudad de la Costa, una localidad a 15 minutos de Montevideo. Eran encantadores, un joven matrimonio con su hijo de cuatro años y otro en camino. Me llevaron a la playa donde no faltaron los mates y unas tortas fritas, hablamos de diferentes aspectos de nuestros países y conocí un poco más ‘’La nueva Suiza de Latinoamérica’’.

O cinco de xaneiro foron a recollerme unha familia coa que contactei vía Couchsurfing e quedaría na súa casa un día. Vivían en Cidade da Costa, unha localidade a 15 minutos de Montevideo. Eran encantadores, un xoven matrimonio cun fillo de cuatro anos e outro en camiño. Leváronme á praia donde non faltaron os mates e unhas tortas fritidas, falamos de diferentes aspectos dos nosos países e colección un pouco máis ´´A nosa Suiza de Latinoamérica´´.



El seis de enero, Día de Reyes, vi algo que hacía tiempo que no percibía… la ilusión de un niño al abrir los regalos de Navidad. Soy la hija y nieta más pequeña, no estoy acostumbrada a esas escenas pero me hizo gracia recordar esa etapa pasada. Mi hermano y yo nos despertábamos a las siete de la mañana para abalanzarnos sobre los paquetes y tardábamos menos de diez segundos en arrancarles el papel. Por la tarde me despedí y continué mi camino, la mujer me acompañó a la parada de autobuses . La familia eran fieles usuarios de couchsurfing, cuando yo me fui llegaba un chico japonés, ellos habían estado en Chile usando el mismo sistema, me contaron que cada semana alojaban a alguien en su casa y les gustaba tener contacto con otras culturas. 

O seis de xaneiro, Día de Reis, vin algo que facía tempo que non percibía... a ilusión dun neno ao abrir os agasallos de Nadal. Son a filla e a neta máis pequena, non estou acostumada a esas escenas pero fíxome gracia recordar esa etapa pasada. O meu irmán e eu espertabamos ás sete da mañá para abalanzarnos sobre os pequetes e en menos de dez segundos xa non tiñan papel. Pola tarde despedinme e continuei o meu camiño, a muller acompañoume ata a parada de autobuses. 





Pronto apareció el autobús, mi próximo destino era Atlántida, tardé 15 minutos en llegar donde quedaría con otra Couchsurfing que a su vez hospedaba también esos días a dos argentinos y un mexicano. Fue genial porque todos teníamos la misma edad, estudiaban en la Universidad de Córdoba y viajaban con bajo presupuesto. De hecho me hizo gracia cómo se costearon la comida unos días, con una buena visión emprendedora compraron unas sandías y unos vasos. Las partieron y se pasearon por la playa vendiendo los trozos, 20 pesos cada uno y después subieron a 30. Gracias a esa ocurrencia cenaron y comieron. Otra idea que tuvieron fue pescar con una chancla y un sedal, desde luego imaginación e instinto de supervivencia tenían.

Apareceu o meu autobús, o meu próximo destino era Attlántida, tardei 15 minutos en chegar onde quedaría con outra Couchsurfing que a súa vez aloxaba nesse días a dous argentinos e un mexicano. Foi xenial pois todos tíñamos a mesma idade, estadaban na Universidade de Córdoba e viaxaban con baixo presuposto. De feito fíxome gracia como se costearon a comida uns días, cunha boa visión emprendedora compraron unhas sandías e uns vasos. Patiron a fruta e pasearon pola praia vendendo os anacos, 20 pesos cada un e despois 30. Grazas a esa ocurrencia cearon e comeron. Outra idea que tiveron foi pescan unha sandalia e sedal, dende logo imaxinación e instinto de supervivencia tiñan.


Hicieron unas pizzas, nos fuimos conociendo un poco más y nos reímos mucho. Me encantaba estar rodeada de uruguayos, argentinos y un mexicano y que cada uno contase una historia diferente. En un momento de la conversación todos quedaron mirándome, dijeron que había muchos tipos de viajeros: Los jóvenes que viajan con sus amigos, los turistas, los que cuentan con todo tipo de lujos... y después de todas esas clasificaciones estaba yo, una chica de 20 años europea que viajaba sola con una mochila por Latinoamérica, sin miedos y con una sonrisa en la cara. Durante el verano escuché a muchas personas que me decían frases similares y las caras de sorpresa que ponían cuando les contaba lo que estaba haciendo. Yo no lo veía como algo extraordinario, atípico o valiente, simplemente hice lo que quise en ese momento. Los 20 años están para cometer locuras y vivir aventuras, y desde luego no cambiaría por nada del mundo mi último verano. Me alegro de pertenecer a ese grupo de mujeres independientes que viajan sin dejarse llevar por prejuicios e ideas preconcebidas, no dejes que te limiten.

Fixeron unhas pizzas, falamos moito e botámonos unhas boas risas. Encantábame estar rodeada de uruguaios, arxentinos e un mexicano e que cada un contase unha historia diferente. Nun momento da conversación todos quedaron mirando para mín, dixeron que había moitos tipos de viaxeiros: Os xóvenes que viaxan con amigos, os turistas, os que contan con todo tipo de luxos... e despois de todas esas clasificacións estaba eu, unha rapaza de 20 anos europea que viaxaba soa cunha mochila por Latinoamérica, sen medos e cun sorriso na cara. Durante o verán escoitei moitas frases similares e a cara de sorpresa que poñían algunhas personas cando contaba o que estaba facendo. Non o vía como algo extraño, atípico ou valente, siemplemente fixen o que quixen nese momento. Os 20 anos están para cometer loucuras e vivir aventuras, e dende logo que non cambiaría por nada este último verán.





Al día siguiente fui a la playa con ellos mientras nuestra anfitriona tenía que trabajar en Montevideo. Y la lección que aprendí fue que juego fatal al volley ball, ahora comprendo los gritos de mi antigua profesora de gimnasia. Se me da mejor la natación o el atletismo, nunca me entendí con ese asqueroso balón. A pesar de mis pocas dotes para el deporte, mandar la pelota fuera o ser el payaso del grupo pasé una buena tarde con esos argentinos, el mexicano y otros chicos uruguayos que se unieron a nuestro partido.

Ao día seguinte fun á praia con eles mentres a nosa anfitriona tiña que traballar en Montevideo. E a leción que aprendín foi que xogo fatal ao volley ball, agora comprendo os berros da miña antiga mestra de ximnasia. Dáseme mellor a natación ou o atletismo, nunca entendín como funcionaba ese noxento balón. A pesar das miñas poucas dotes para o deporte, mandar fóra a pelota e ser o paiaso do grupo pasei unha boa tarde con eses arxentinos, o mexicano e outros rapaces uruguaios que se uniron ao noso partido.






La amable uruguaya que me alojó me ayudó a planificar mi ruta, mi presupuesto era reducido y no me apetecía gastar un montón de dinero en un lugar turístico como es Punta del Este. Además hubo un detalle que no me gustó, contacté con una Couchsurfing que me pedía una cierta cantidad de dinero a cambio. La filosofía de la página no es esa y deberían denunciarse esos perfiles. En fin, la uruguaya sugirió que fuese directamente a Cabo Polonio y llamó a la terminal para averiguar los horarios. Me tuve que despertar a las siete de la mañana, uno de los chicos argentinos me acompañó a la parada del autobús y me conciencié de que tardaría cinco horas en llegar. Ellos también continuaron su viaje, acamparían en la casa de un Couchsurfing cerca de Punta del Este y llegarían allí haciendo dedo. En Uruguay al igual que en otros países de este continente es común esta práctica, en España jamás te pararía un coche.

A amable uruguaia que non aloxou axudoume a planificar a miña ruta, o meu presuposto era moi reducido e non me apetecía gastar cartosnun lugar turítico como Punta do Leste. Ademais houbo un detalle que non me gustou, contactei por Couchsurfing cunha muller que me pedía certa candidade de diñeiro. A filosofía da páxina non é esa e debarían denunciarse a eses usuarios. En fin, fun directamente a Cabo Polonio e chamou ao terminal de autobuses para saber cal era a parada e canto tardaría en chegar. Eles tamén continuaron a súa viaxe, acamparían na casa dun Couchsurfing preto de Punta do Leste e chegarían alí facendo dedo. En Uruguay ao igual que outros países deste continente é común esa práctica, en España xamais pararía un coche.

Cabo Polonio era precioso, un parque natural perfectamente cuidado y con un ambiente hippie que me encantaba. Para llegar a la playa había que tomar una especie de camión que atravesaba 8 kilómetros de dunas y estrechos caminos, fue gracioso ver lo mucho que se movía y parecía que transportaban ganado en vez de personas.

Cabo Polonio era fermoso, un parque natural perfectamente cuidado e cun aire hippies que encantoume. Para checar á praia había que tomar unha especie de camión que atravesaba oito quilómetros de dunas e estreitos camiños, foi gracioso ver o moito que se movía e parecía que transportaban gando en lugar de persoas.









Después tomé un autobús para Punta del Diablo, mi último destino antes de abandonar Uruguay. Vendieron más billetes que asientos entonces todos íbamos muy apretados, tardamos más de lo normal y en ese trayecto conocí a unas chicas chilenas que también estaban de viaje celebrando que habían terminado el instituto. Al llegar a Punta del Diablo caminé 3 kilómetros desde la terminal a mi hostel que literalmente estaba sobre la arena de la playa. Lo malo es que la mayoría de las calles no tenían el nombre por lo que localizarlo era complicado y la mochila pesaba.

Despois tomei un autobús para Punta do Demo, o meu último destino antes de abandoar Uruguai. Venderon más billetes que asentos polo que todos íbamos moi apretados, tardamos más do normal e nese viaxe coñecín unhas rapazas chilenas que estaban celebrando o remate do instituto. Ao chegar camiñei tres quilómentros dende o terminal ata o hostel que literalmente estaba sobre a area da praia. O malo era que a maioría das rúas non tiñan o nomo polo que localizar algo era compricado e a mochila pesaba. 

En la habitación éramos nueve personas, era tan cutre que uno de los colchones estaba sobre un armario. No pido lujos, tan sólo que funcione internet y se pueda dormir en unas mínimas condiciones. Pagar casi 15 euros por eso me parece un abuso, pero vuelvo a decir que Uruguay es carísimo. Esa noche conocí a unos argentinos de Buenos Aires, querían salir pero no tenía dinero... se lo expliqué y ellos pagaron las cervezas.

Na habitación éramos nove persoas, era tan cutre que un dos colchón estaba sobre un armario. Non pido luxos, tan só que funcione internet e se pida durmir nunhas mínimas condicións. Paguei case 15 euros polo que me pareceu un abuso, pero volvo a dicir que Uruguai é mi caro. Esa noite coñecín uns argentinos de Bos Aires, querían saír pero non tiña cartos... expliqueino e eles pagaron as cervexas.







Era el nueve de enero, regresé a la terminal caminando de nuevo los tres kilómetros para no gastar dinero en un autobús con precios turísticos. Esperé una hora y llegó mi autobús con destino a Chuy, la ciudad fronteriza con Brasil que está como a unas tres horas de donde me encontraba. Al llegar me fijé en los precios, eran mucho más bajos y algunos carteles estaban escritos en portugués. Compré comida en abundancia y bebida para las seis horas que me quedaban hasta llegar a Pelotas, una pequeña ciudad de Río Grande donde me hospedaría otra Couchsurfing. En la próxima entrada contaré mi experiencia en esas tierras desconocidas, prometo no tardar tanto en escribir.

Era o nove de xaneiro, regresei ao terminal camiñando de novo os tres quilómentros para non gastar cartos no autobús con prezos turísticos. Esperei unha hora e chegou o meu autobús con destino Chui, unha cidade na fronteira con Brasil que estaba a 3 horas de alí. Ao chegar fixeime nos prezos, eran moito máis baixos e alguns estaban escritos en portugués. Comprei comida en abundancia e bebida para as seis horas quedaban ata chegar a Pelotas, unha pequena cidade de Río Grande onde me aloxaría outra Couchsurfing. Na próxima entrada contarei a miña experiencia nesas terras descoñecidas, prometo non demorar tanto.